- Barcelona

Mari Chordà, una artista feminista pionera

Mayoral presenta una exposición monográfica dedicada a la pintora, poeta y activista feminista catalana Mari Chordà.
Siguiente sección

Mari Chordà, una artista feminista pionera

Esta muestra reivindica la trayectoria artística y la obra de Mari Chordà (Amposta, 1942) con una selección de 14 piezas creadas entre 1962 y 1972. Pintora, poeta y editora, Chordà fue pionera de la expresión visual del cuerpo femenino, de la sexualidad femenina y de la experiencia de la maternidad desde una mirada feminista. La artista desarrolló su arte más característico y personal subvirtiendo la estética pop e influenciada por la experiencia vivida en París.

En los años 1960-70, para una artista y feminista el compromiso era político y a la vez personal. Como escribió la comisaria Chus Martínez: «El interés de Chordà por la forma es simplemente la expresión de su pasión por la vida».

Chordà fue pionera pintando por primera vez representaciones de genitales femeninos en 1964, cuando aún era estudiante y participaba en revueltas contra el franquismo, en un momento en que la revolución del arte feminista era incipiente. Su inspiración para la serie «Vaginals» («Vaginales») surgió del deseo de habitar su propio cuerpo, de arrebatárselo al patriarcado explorando concepciones tabú de la feminidad y generando nuevas referencias. En la presente exposición, dicha serie está representada por las obras Líquids (Líquidos) (1964), Llàgrimes (Lágrimas) (1966), y la pintura seminal de 1968 Vulva. Chordà utilizó lo que ella describe como un «lenguaje no figurativo, en algún lugar entre la abstracción y la fotografía de primer plano», que le permitió captar su visión del propio cuerpo desde una perspectiva fisiológica que solamente ella podía tener: desde dentro hacia fuera. Las imágenes resultantes son fluidas y sugerentes: la artista juega con la relatividad entre forma y color, cambiando nuestra percepción y nuestro compromiso con el propio subconsciente mientras intentamos dar sentido a las formas anatómicas.

Por otro lado, dos obras de gran formato como Vola, vola (Vuela, vuela) (1964) y Garriga II (1965) demuestran la importancia de su paisaje más familiar: el río Ebro y el Montsià. Así pues, en Garriga II observamos cómo representa las carrascas de la sierra del Montsià con un denso empastado matérico y espirales esgrafiadas en su interior. «Formas ovales o circulares en una incipiente abstracción orgánica, que se incrustan en el plano como si fueran huevos incubándose en los pliegues de unas serenas olas de montañas», tal y como señala la historiadora del arte Assumpta Bassas en el catálogo de la exposición de 2017 «Llots i torbes», indicando el interés por el tema de la fecundidad y la fertilidad de la tierra y de la vida de las mujeres.

En 1965 se trasladó a París y su paleta cambió drásticamente a raíz del descubrimiento de artistas vinculados a los movimientos del nuevo realismo y el arte pop, especialmente de Niki de Saint Phalle. La abundancia de color en la obra de esta creadora le pareció poderosa y convincente, y entonces Chordà se reafirmó en el uso de colores cada vez más brillantes y audaces, que «te obligaban a pararte y a mirarlos». Ella, que nunca se inscribió en la tendencia del arte pop, buscó activamente maneras de contrarrestar el voyeurismo inherente a muchas obras de arte pop norteamericanas, que representaban a las mujeres como objetos sexuales.

Esta estética encuentra su apogeo en la serie lúdica «Joguets» («Juguetes»), representada aquí por Colors (Colores) (1969) y Ous de felina (Huevos de felina) (1969). Estas esculturas de madera policromada se inspiran en un juego para niños con que habría jugado su hija Ángela, en el cual las piezas de colores podían ser encajadas en varios agujeros formando diferentes combinaciones. De igual modo que la serie de Lucio Fontana «La Fine di Dio» («El fin de Dios») significaba el infinito y lo inconcebible para el artista italiano, en la serie «Joguets» Mari Chordà eleva el estatus de estos juguetes a arte situando su papel como madre y creadora literalmente en el centro de su práctica, y figuradamente en manos de su hija.