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Rivera-Millares. Ética de la reparación

Mayoral presenta un diálogo inédito y actual entre Manuel Rivera y Manolo Millares. La muestra, comisariada por Carles Guerra, recoge 10 obras realizadas entre 1957 y 1972 mediante las que se ponen de relieve las conexiones y singularidades de estos dos grandes artistas de la posguerra que expandieron los límites del cuadro más allá de la bidimensionalidad.
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Rivera-Millares. Ética de la reparación

Los vínculos entre Manuel Rivera (Granada, 1927 – Madrid, 1995) y Manolo Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1926- Madrid, 1972) son múltiples y abarcan desde la vertiente estética y política hasta su trayectoria artística y profesional. Siguiendo el ideal propio de El Paso, grupo del que ambos fueron cofundadores en 1957—junto a otros artistas como Rafael Canogar y Juana Francés, a los que recientemente hemos dedicado sendas exposiciones monográficas—, sus obras buscaban la realización de unas «artes plásticas revolucionarias» que partían de las poéticas de la abstracción para manifestar su desencanto con la realidad de la posguerra y de la dictadura franquista que les tocó vivir.

Las creaciones de Rivera y Millares compartían una singularidad que les otorgaba una modernidad genuina y diferenciada, que venía dada por la utilización de unos materiales inusuales en del mundo del arte: la tela metálica y el alambre, en el caso de Rivera, y la arpillera en el de Millares. El uso de estos materiales implicaba el desarrollo de técnicas atípicas y no pictóricas, similares a las de los artesanos tejedores: con hilo y alambre, Millares y Rivera unían, respectivamen-te, los fragmentos de la arpillera y de la malla metálica. Mediante esta especie de acto reparador, próximo a la sutura de una herida, ambos artistas se adentraban en un proceso de «cicatrización», metáfora de una liberación contra las fuerzas de la noche.

La utilización de estos materiales industriales —próximos al ready-made— y la manera de trabajarlos hacía que sus obras dejaran ver la pared sobre la cual eran expuestas, tal como se observa en diversas de las piezas reunidas en esta muestra, y entre las que cabe destacar Composición 8 (1957), de Manuel Rivera, y Cuadro 186 (1962), de Manolo Millares. Como señala Carles Guerra en su texto para el catálogo, la conciencia de este hecho comportó que tanto uno como otro coincidieran en colgar sus creaciones más separadas de la pared de lo que acostumbra a ser habitual, favoreciendo así la aparición de sombras de diferentes intensidades en el muro y, en consecuencia, incorporando el espacio vacío dentro del propio cuadro. De este modo, las obras se expandían más allá del bastidor y de la bidimensionalidad tradicional de la superficie pictórica.

Guerra compara esta manera de hacer con las obras de dos de los artistas más emblemáticos del arte de posguerra en Italia: los sacos de Burri y los Concetti Spaziale (Conceptos espaciales) de Lucio Fontana. Al igual que sucede con estos artistas italianos, la pincelada gestual típica de las diferentes abstracciones del momento es sustituida en Rivera y Millares por un trabajo directo con el propio soporte que hace que «la relación entre figura y fondo [quede] anulada en beneficio del soporte. El protagonismo del soporte les permite liberarse, cada vez más, de la herencia de la gestualidad canónica». Así, continua el comisario, nos encontramos ante «un nuevo tipo de cuadro, uno que incluso duda de si se puede seguir denominando pintura. […] Un debate que se podría estirar hasta los “objetos específicos” de Donald Judd, quien por cierto, escribió una nota crítica a partir de las obras de Rivera y Millares expuestas en 1960 en la Pierre Matisse Gallery de Nueva York».
Este carácter escultórico se verá enfatizado en sus obras inmediatamente posteriores: en el caso de Rivera, como se observa en Metamorfosis (Máscara) (1961), esto se producirá por medio de la introducción de una base metálica o de madera sobre la cual el artista montará sus experimentaciones en malla e hilo metálicos. En cuanto a Millares, la tridimensionalidad se verá resaltada por la introducción de fragmentos objetuales, como sucede en Objeto (c.1963), o con unos pliegues de ropa aún más abultada, al estilo de los que encontramos en otras de las obras presentadas.

En el contexto de una España donde toda libertad de expresión había sido reprimida, nuestros artistas en-contraron en estas pinturas-objeto una vía para crear un arte aparentemente inofensivo a los ojos de las autoridades españolas, que «eran incapaces de apre-ciar la metáfora y la poesía», como apunta Alfonso de la Torre, crítico y especialista en Rivera y Millares. A su vez, estas creaciones rebelaban una gran fuerza crítica al ser mostradas fuera de España, en yuxtaposición con los exponentes del art informel, el arte povera o el expresionismo abstracto, en el contexto de las grandes exposiciones colectivas internacionales de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta.
Así, en muestras como la IV Bienal do Museu de
Arte Moderna de São Paulo (1957); la mítica Bienal de Venecia de 1858 o la «New Spanish Painting and Sculpture», celebrada en el MoMA de Nueva York
en 1960, Rivera y Millares consiguieron visibilizar
un «españolismo crítico» que rehuía la instrumentalización artística del régimen franquista para la creación de un «arte español» y llamar la atención
de dos de los galeristas más importantes de aquel momento: Daniel Cordier y Pierre Matisse. A través de sus galerías de París y Nueva York, las obras de ambos artistas se consolidaron internacionalmente y se incorporaron a numerosas colecciones públicas y privadas de todo el mundo.

 

«Como si los desgarrones, los zurcidos, los cosidos y las alambradas –todos ellos términos intercambiables entre las obras de Millares y Rivera– fueran los gestos sublimados de esa violencia infligida a la sociedad civil.»
– Carles Guerra, comisario de la exposición

 

SELECCIÓN DE OBRAS

186 B
Manuel Rivera, Composición 8, 1957
Técnica mixta (tela metálica, alambre y metal) sobre bastidor de metal y madera
100 x 72.5 cm

186 B
Manolo Millares, Cuadro 64 (3), 1959
Técnica mixta sobre arpillera
129.5 x 162 cm

186 B
Manuel Rivera, Metamorfosis, 1959
Técnica mixta (tela metálica y alambre) sobre bastidor de madera
130 x 89 cm

186 B
Manolo Millares, Cuadro 186, 1962
Técnica mixta sobre arpillera
130.2 x 97.8 cm

EL COMISARIO

Carles Guerra (Amposta, 1965) es crítico de arte, docente e investigador. Ha sido director de la Primavera Fotogràfica, director de la Virreina Centre de la Imatge, conservador jefe del MACBA Museu d’Art Contemporani de Barcelona y, entre 2015 y 2020, director de la Fundació Antoni Tàpies. Sus investigaciones han profundizado en el ámbito de las prácticas dialógicas en los campos del arte y la cultura visual. Las pedagogías críticas, las prácticas documentales y las condiciones de la producción cultural dentro de un marco postfordista han sido objeto de la mayor parte de sus publicaciones. Ha sido profesor asociado de la Universitat Pompeu Fabra y miembro del equipo docente del Center for Curatorial Studies (CCS) de Bard College. Además de una extensa nómina de exposiciones monográficas que incluyen artistas como Perejaume, Joaquim Jordà, Xavier Ribas, Ahlam Shibli, Art & Language, Allan Sekula, Susan Meiselas, Harun Farocki, Oriol Vilanova y Ariella Aïsha Azoulay, ha comisariado proyectos como 1979. Un monumento a instantes radicales o Antoni Tàpies. Biografía política, con los que ha intentado responder al legado de la modernidad desde la urgente necesidad de articular una historia potencial.