- Paris

Zóbel-Chillida, Caminos cruzados

Mayoral se complace en presentar ‘‘Zóbel-Chillida, Caminos cruzados’’, un diálogo inédito entre Fernando Zóbel y Eduardo Chillida. La exposición, que está comisariada por Alfonso de la Torre y cuenta con la colaboración de los legados de los artistas, presenta una cuidada selección de óleos de Zóbel y esculturas de Chillida que ponen de manifiesto los vínculos creativos y vitales existentes entre ambos artistas.
Siguiente sección

Zóbel-Chillida, Caminos cruzados

Ambos nacidos en 1924, Fernando Zóbel y Eduardo Chillida se encuentran tardíamente en 1964 gracias a la voluntad de Zóbel de encargar a Chillida una obra para su Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, una ciudad medieval a 1h30 de Madrid, y que Zóbel había convertido en un pueblo de artistas.

Zóbel, nacido en Manilla de padres españoles, estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Harvard. Artista autodidacta y gran intelectual, su encuentro con el arte de Rothko en 1955, gracias a una exposición organizada por The Art Institute of Chicago, será decisivo, anunciando un giro definitivo de su obra hacia la abstracción. El gesto, la línea, el dibujo, tienen reservado un lugar esencial en el conjunto de sus pinturas, con una verdadera búsqueda de la luz. El artista utiliza también una técnica delicada: la de la aguja hipodérmica que distribuye disolvente y pintura. A finales de los años 50, participa en grandes exposiciones internacionales: Before Picasso; After Miró en el museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York en 1960, la Bienal de Venecia en 1962, o Modern Spanish Painting en la Tate Gallery de Londres en 1962.

186 B___186 B

Izquierda : Eduardo Chillida en su estudio en Vila Paz, San Sebastián, 1961. Fotografía: Abraham Lurie Waintrob-Budd Studio. Derecha: Fernando Zóbel pintando en su estudio en Cuenca, hacia 1971. Fotografía: Jaume Blassi.

Después de dar varias veces la vuelta al mundo, se instala definitivamente en España en 1960. En 1959 expone por primera vez en la Galería Biosca de Madrid, cuya directora, Juana Mordó, acabaría siendo su galerista acreditada. También expone en la galería de Bertha Schaefer (Nueva York, 1965 y 1968) o en la Galería Jacob (París, 1977). Además de su trabajo de artista, se propuso crear, en pleno período franquista, el primer museo democrático de España, que abre en 1966 en Cuenca, célebre por sus casas colgantes y declarada monumento histórico por la Unesco.

“Ejercitando con tenacidad su extraordinario talento para pintar, se fija un solo objetivo: la actividad artística. Su devoción por el arte, de una intensidad extrema, será su divisa” – Alfonso de la Torre

En 1960 Chillida ya es conocido en el mundo entero, y especialmente en Francia, donde se instala en 1948. En 1954, fue premiado en la 10ª Trienal de Milán. En 1956 presentó sus esculturas de hierro en la Galeria Maeght, en la cual expondría varias veces. Participa en la exposición Sculptures and Drawings from Seven Sculptors (1958) en el museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York y el mismo año obtiene el Gran Premio Internacional de Escultura de la 29ª Bienal de Venecia. En 1959, le dedican importantes exposiciones en los Estados Unidos, en Canadá y en la Documenta II en Kassel. A partir de ese momento, empieza a trabajar con la madera, el hormigón, el alabastro y el barro.

Los principales museos internacionales le dedican exposiciones monográficas, y sus esculturas se encuentran en numerosas ciudades del mundo entero. En el año 2000, el artista inaugura el museo Chillida Leku en Hernani, que fue reabierto al público en abril de 2019.

En la exposición “Caminos Cruzados”, las esculturas monocromas y minerales de Chillida con superficies agrietadas, incisas de líneas, o cubiertas de signos que acechan la luz responden a las pinturas poéticas de Zóbel, cuyas líneas y grafos escandidos permiten que la luz invada el lienzo. La Galería Mayoral da vida de nuevo al diálogo íntimo que unía a estas dos grandes figuras de la posguerra española, cuyo propósito reside innegablemente en su capacidad para estimular nuestra visión, y quizás incluso la visión que tenemos del mundo…

“Descubrimos un diálogo entre dos figuras mayores de la posguerra, donde se conjugan la faceta lírica de Fernando Zóbel y la escultura informal de Eduardo Chillida. Es un reencuentro entre artistas que supieron elevarse, cual frente de esperanza, contra la larga noche del franquismo” – Alfonso de la Torre

 

186 B
Fernando Zóbel, Péndulo veneciano, 1965
Óleo sobre lienzo
100 x 100 cm

186 B
Eduardo Chillida, La casa del poeta IV, 1983
Tierra de chamota
31,5 x 58 x 40 cm (las dos piezas)

 


 

EL COMISARIO

Alfonso de la Torre es un historiador del arte especializado en el arte abstracto de posguerra español. Ha realizado los catálogos razonados de Manolo Millares, Manuel Rivera, Pablo Palazuelo y actualmente trabaja en el de Fernando Zóbel.

 


 

LOS ARTISTAS

Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924–2002), escultor informalista de reconocido prestigio internacional, empezó trabajando principalmente el yeso y la piedra, y en 1951 —establecido en Hernani— incorpora el hierro como material escultórico. En 1954 fue premiado en la X Trienal de Milan. En 1956 presenta sus esculturas de hierro en la Galerie Maeght, con la que expone en diversas ocasiones. Participa en Sculptures and Drawings from Seven Sculptors (1958) en el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York y aquel mismo año obtiene el Primer Gran Premio Internacional de Escultura en la XXIX Bienal de Venecia.

En 1959 le dedican importantes exposiciones en los Estados Unidos, Canadá y en la II Documenta de Kassel. A partir de entonces, inicia su trabajo con la madera, el hormigón, el alabastro y el barro, a la par que realiza grabados, collages y dibujos, que, en ocasiones, ilustraran sus propios escritos. Se le han dedicado exposiciones monográficas en los principales museos internacionales, y sus numerosas esculturas públicas se encuentran en ciudades de todo el mundo. En el 2000 inaugura el Museo Chillida Leku en Hernani, que reabrió al público en 2019.

Fernando Zóbel (Manille, 1924–Rome, 1984), estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Harvard. Artista autodidacta, pintor, grabador, dibujante, gran conocedor del arte del pasado y del arte de su tiempo, recibió numerosos reconocimientos por su labor museográfica y por su elevado conocimiento artístico. Como coleccionista de la generación abstracta fue impulsor del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, inaugurado en 1966.

A finales de los cincuenta se incorpora a las grandes exposiciones internacionales: Before Picasso; After Miró (Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York, 1960), Bienal de Venecia (1962) o Modern Spanish Painting (Tate Gallery, Londres, 1962). Se traslada definitivamente a España y en 1959 expone por primera vez en la Galería Biosca de Madrid, que dirige quien será su galerista habitual, Juana Mordó, en cuya sala presenta exposiciones individuales entre 1964 y 1974. También le dedican exposiciones Bertha Schaefer (Nueva York, 1965 y 1968) o Galerie Jacob (París, 1977), además de reconocidas galerías.