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Dalí y la epigénesis | Chus Martínez

En la obra y en la persona de Salvador Dalí hay fuertes premoniciones de situaciones que conforman nuestro presente: su obsesión por la auto-generación, su insistencia en mantener una ambivalencia en la lectura e interpretación de género y sexualidad, una identidad no binaria, su interés por comprender procesos de la vida desde el arte y en compañía de la ciencia, su interés por ahondar en la cultura vernácula y manifestarla en su obra y en su vida…

Salvador Dalí entiende que el arte, en tanto que creación, es el lugar idóneo para cuestionar  asuntos fundamentales sobre el origen de la vida y la inteligencia. En este sentido, si el arte es creación, no es solo creación de obra, sino creación de fuerzas de creación, es decir, epigénesis. La epigénesis es la teoría embriológica según la cual los órganos se forman progresivamente a partir de, o surgen de, un material originalmente indiferenciado y homogéneo. Entender la creación —desde Aristóteles hasta Harvey, Cavendish, Kant y Erasmus, Darwin, pasando por la biología del siglo XIX, con Wolff, Blumenbach y His , y por el siglo XX— significa situar la creación artística más allá del orden estético y establecer un paralelo entre naturaleza y artista. ¿Qué es lo que constituye una obra? ¿La adición de las partes que surgen sucesivamente o la superadición de partes? ¿La forma existe en la mente y se refleja, se plasma en un lienzo, se desarrolla desde un objeto determinado, o responde a la potencia de una substancia preexistente?

La epigénesis en manos de Salvador Dalí opera según un modelo aristotélico. En una teoría aristotélica de la generación, la epigénesis implica que la sustancia orgánica no formada adopta una forma que está en ella potencialmente. En este sentido, es importante señalar que la obra se sitúa siempre en una intersección entre una teoría del desarrollo biológico de las formas y de los motivos, y una teoría de la potencialidad vital de la materia para autoorganizarse.

Es la capacidad auto-organizadora de la obra la que da lugar a los motivos, a los mundos que surgen en ella. De este modo, no es casual que Salvador Dalí preste una atención especial a la cultura y a las tradiciones vernáculas. En ellas, los sueños son hechos que crean mitos, historias, ritos y costumbres. La transmisión en la cultura popular es un hecho diferencial que interpreta el pasado y lo conecta con el presente y el futuro de un modo físico, que mantiene las formas arcaicas sin renunciar o entrar en contradicción con explicaciones científicas o nuevos modos de comprender el mundo. Es esta la razón por la cual la obra de Salvador Dalí busca de forma deliberada la creación de un universo de fácil acceso, simple, directo, y a la vez bello, abierto, naíf, atento a los grandes mitos arcaicos, estrechamente comprometido con la sabiduría de lo popular, lo espontáneamente ingenuo… La obra de Salvador Dalí quiere ser naturaleza y poder crear un universo, crear la luna, crear los oceános, crear la vida, a la vez que quiere ser también pueblo, comunidad, querencia y alegría. Todo en su obra se orienta a la creación de condiciones para una situación en la que no soolo comprendamos la obra, sino que la propia obra se constituya como tal a través de nuestra presencia y participación.  En este sentido nosotros, —los espectadores—somos primordiales. Pero también debemos pensar que ese «nosotros» puede y debe extenderse a los animales, los bosques, los ríos y los mares que, como el Mediterráneo, son un espacio fundamental en su obra. Vemos la obra aquí, en la sala de exposiciones, pero no es descabellado pensar que la obra podría estar en el corazón de un bosque, o erigirse ante nosotros en una playa de Cadaqués. Cuando estamos ante su obra, Salvador Dalí lo quiere todo de nosotros, quiere que dejemos que nuestros sentidos y los sentires de la obra fluyan juntos siempre.

Su forma de hacer arte apela a la reinvención y revisión constante del orden de las ideas, los valores, las creencias. La práctica artística es hacedora de nuevas ideas, como lo es la ciencia y la tecnología. La práctica artística es hacedora de nuevas formas, como lo es la naturaleza, que es el origen de la vida. El reto consiste en dar vida a una poiesis, capaz de permanecer abierta siempre a la causalidad flexible, abierta a los accidentes de la vida, por una parte, y a los cambios que el arte y la sociedad experimentan a lo largo de la sucesión temporal que denominamos historia. En efecto, la obra de Salvador Dalí es inteligencia artificial, es una substancia que quiere autonomía paracrear experimentos que demuestren que crear más vida inteligente es posible en y desde el arte.

 

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